









La “inmigración”, término que se utiliza para identificar a aquel grupo de personas que provienen de diversos países para comenzar a residir en otro que no es el suyo. Ya conocemos de antemano que es un proceso que ha estado ocurriendo toda la vida, y que ha estado sometido a constantes cambios en función de la evolución del ser humano y de sus estructuras geopolíticas y de redistribución del espacio en el mundo, según necesidades económicas-políticas-sociales y de poder. Estos movimientos migratorios se han dado desde todas partes hacia todas partes del planeta, pero -a pesar de ello- en la actualidad existen diversos brotes de resistencia a acoger a nuevos migrantes llegados de cualquier lugar. Existe una necesidad de proteger lo que llaman “nuestro”, “autóctono”, cuando todas las personas, espacios, tradiciones y culturas han surgidos de antiguas mezclas a raíz de estos desplazamientos por el mundo.
El miedo a la pérdida de identidad, a lo desconocido, la falta de empatía y de conciencia de los procesos migratorios que viven estas personas no dejan abrir espacios a la receptividad y a la comunicación entre seres distintos, que permita la comprensión y escucha desde la óptica de la diversidad. No por el hecho de desconocer “algo o alguien” ese “algo o alguien” es malo, erróneo o feo. Una de las percepciones que existe en las sociedades de acogida con relación a los migrantes es el “riesgo” de perder cosas, perder puestos de trabajos, calidad de la educación, del servicio sanitario, de la calidad de vida en general y de la seguridad física de los suyos, por ejemplo. Son estereotipos que se han creado desde la ignorancia o falta de información y del temor o de la activación de emociones generales, en las personas, y que no se saben gestionar o comprender.
Por otro lado, los procesos migratorios que viven las personas que toman la decisión de irse de sus países de orígenes, conforman un duelo y una situación adversa compuesta por cambios profundos –desde muchas perspectivas- que tienen que afrontar y sobrellevar para lograr alcanzar un equilibrio económico, emocional y social. Por esta razón es necesaria la comprensión por parte de todos/as de las situaciones por las que pasa un migrante y de la necesidad de apoyo para su óptima integración en el país de acogida.
“La integración (o no) en el país de destino será el resultado de un proceso cuyo punto de partida estará situado en un mínimo de estabilidad emocional que descansará a su vez, en la posibilidad de disponer de un trabajo regularizado y de una vivienda digna. ¿En qué orden de prioridad colocar estas necesidades? Es difícil decirlo, ya que si bien el trabajo permite la estabilidad económica, los permisos de trabajo y residencia la estabilidad administrativa y la vivienda la estabilidad social, la carencia de cualquiera de ellas (o de todas), compromete seriamente el equilibrio emocional del migrante” [1].
Es por ello que este artículo desarrollará la “herramienta
de la mediación” desde algunos ámbitos específicos, como instrumento
preventivo, de gestión de comunicación efectiva, de conflictos y de integración,
que mejore la cohesión social en una sociedad diversa, y que permita una mejor
convivencia entre todos los elementos que conforman un espacio determinado, en
este caso, el de la Comunidad de Madrid, ya que nos basaremos en su Plan de
Inmigración 2019-2021, y así conocer desde qué perspectivas trabajará, y a
través de qué ejes enfocará una ejecución del Plan que permita mejorar las
relaciones y el proceso de integración y acogida del migrante con la realidad
social de Madrid.
En consonancia con el artículo anterior de Carlos Romero, sobre este Plan de Inmigración de la Comunidad de Madrid, se describen cinco ejes de su contenido, y vemos la importancia que tiene abordar el plan desde el eje número 5: “Convivencia y lucha contra el racismo, xenofobia y otras formas de intolerancia”.
Así mismo, el plan plantea una serie de herramientas para lograr su “ejecución efectiva”, entre ellas menciona el punto tercero que especifica la necesidad de un programa de “mediación”, el punto quinto , generar espacios de reflexión para potenciar el debate sobre la “realidad migratoria”, el sexto nos habla de promover la “participación ciudadana”, y el séptimo , sobre la “promoción de valores esenciales” del ser humano.
Todo ello, lleva -a su vez- a que el Plan defina
actores institucionales claves para su posible ejecución, entre los que
plantea: Centros de Participación e Integración de Inmigrantes (CEPI), Oficina
de Atención al Refugiado de la Comunidad de Madrid, Voluntariado y organizaciones del tercer sector e Institutos Educativos y
AMPA.
La mediación como proceso alternativo de resolución de conflictos, pero también como mecanismo preventivo del mismo, nos ayudará a comprender mediante sus diversas técnicas cómo se puede generar una mejor convivencia mediante la activación del respeto y la escucha por los/as demás, disminuyendo brotes de racismo y xenofobia, tal y como lo requiere el Plan de Inmigración. Así como también puede contribuir con la activación de la participación ciudadana, empoderándoles mediante la comunicación asertiva, y en la autogestión de sus conflictos en diversos espacios de sociabilidad.
También estas
herramientas de mediación instan a la ciudadanía a la reflexión sobre la
realidad migratoria y las vivencias que experimentan los migrantes, como punto
de partida para la empatía, comprensión y apertura a lo desconocido. Así mismo
se trabajan -con base a lo vivencial- los valores esenciales del ser humano y
efectiva promoción.
En artículos pasados hablamos sobre la necesaria educación en valores o educación emocional y sobre la mediación escolar, como instrumentos claves para el desarrollo óptimo de las sociedad diversas de hoy día. De ahí la importancia de que el Plan de Inmigración estipule como una de las instituciones clave “los centros educativos y las AMPAS”. Es una de las vías de prevención y de gestión temprana de conflictos xenófobos o de intolerancia en general con relación a ciudadanos/as migrantes, que mejore la convivencia, no sólo de los espacios de educación sino de sus entornos sociales en los distintos sectores de la Comunidad de Madrid.
Cuando hablo de herramientas de mediación, no me refiero sólo al proceso de mediación como tal, sino a todas las técnicas que se utilizan para lograr los objetivos de acercamiento, concordia y acuerdo de la mediación.
En un proceso de mediación se ponen en marcha diversas técnicas comunicativas, ya que la comunicación efectiva y positiva será la protagonista para la gestión o autogestión de conflictos. Sí partimos de una definición de conflicto, donde podemos decir que: “conflicto = mala comunicación o comunicación incorrecta” , entonces podríamos entender por qué digo que la COMUNICACIÓN es la protagonista en todos estos procesos de acercamiento, entendimiento, respeto, mejora de la convivencia, o en resumidas cuentas en la gestión asertiva o prevención de los “conflictos”.
Las relaciones que se dan entre las personas son “comunicativas”, sea mediante el verbo, el cuerpo o cualquier otro mecanismo de comunicación que pueda existir. Estas herramientas no están hechas sólo para que las utilice un mediador, un árbitro o un negociador, están hechas para que cualquier individuo en sus relaciones personales diarias también las utilice, lo que le empoderaría en el discurso y en la mejora de sus relaciones.
Para la gestión de conflicto, Sergi Farré Salvá, en su libro Gestión de Conflictos: taller de mediación, presenta “cinco técnicas comunicativas básicas”:
1.La pregunta o estrategia elitiva
2.La escucha activa
3.La paráfrasis positivadora
4.El resumen positivador
5.La reformulación positivadora
…y todas estas “para poner en práctica o promover las siguientes estrategias y actitudes”.
-Crear una atmósfera propicia de empatía.
-Clarificar percepciones.
-Humanizar al oponente: fomentar el lenguaje de las necesidades y/o de los intereses, según convenga.
-Fomentar el lenguaje de la responsabilidad versus el de la culpa: facilitar la reconciliación.
-Fomentar los elementos conectores: el “nosotros” en lugar de “tu” vs “yo”.
-Proyectarse hacia el futuro, reconociendo y aprendiendo del pasado.
-Identificar y desarrollar “factibles” gradualmente.
-Si es posible, desarrollar acuerdos verbales o escritos beneficiosos para todas las partes implicadas.
De esta manera podemos comprender cómo la creación de espacios de mediación en ámbitos como el comunitario, vecinal, educativo, familiar e intercultural (entendido este último como un servicio de apoyo de traducción y apoyo cultural al inmigrante que así lo necesite en su interacción con algún ente social con el que no se logre entender o dar a comprender por estas restricciones lingüísticas y culturales muy marcadas), favorecería la sana convivencia entre la ciudadanía que hacen vida en la Comunidad de Madrid. Así como también fomentar espacios de formación tanto para la ciudadanía en general como por medio de programas de convivencias en los centros educativos a todo nivel (desde primaria), por medio de la mediación educativa entre iguales, el papel de los y las alumnas ayudantes, los ciberayudantes para combatir el ciberacoso y acoso presencial, ya que se les enseñarían –y pondrían en práctica- todas estas estrategias y técnicas de la mediación, logrando mejorar el clima de convivencia en los diversos espacios de la institución educativa.
Sé ECCos de herramientas de mediación para poner en marcha parte del programa de inmigración de la Comunidad de Madrid.
[1] ARRIAGADA, Estela. Historias del otro. Migración: Psicología y literatura, Editorial Punto Rojo Libros, 2013, p. 207.